El estado de alarma decretado por el Gobierno para hacer frente a la expansión del nuevo coronavirus obliga a los ciudadanos a permanecer confinados todo o gran parte del día en casa. Se trata de una situación potencialmente estresante, en primer lugar por los motivos que han llevado a tomar estas drásticas medidas, y también por la incertidumbre de no saber por cuánto tiempo se prolongará la situación.
La recomendación de permanecer en casa tiene la intención de evitar contagios y la propagación de la enfermedad, no obstante la Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés) indica que pasar días, semanas e incluso meses en cuarentena con recursos, estimulación y contacto social limitados puede generar emociones negativas que perjudiquen a la salud mental tales como: miedo, ansiedad, depresión, aburrimiento, ira, frustración o irritabilidad, impotencia, estrés y mucha preocupación en los individuos.
Las consecuencias del aislamiento social y la rotura en nuestra cotidianidad a largo plazo también puede tener consecuencias dentro de las comunidades y familias y es por ello que los profesionales dentro del ámbito de la psicología y salud mental aconsejamos seguir estas pautas
- Limitar el consumo de noticias: es importante obtener información de salud pública precisa y oportuna con respecto a COVID-19, pero una exposición excesiva a la cobertura mediática del virus puede conducir a una mayor sensación de miedo y ansiedad.
- Diseñar y seguir una rutina diaria: incluir actividades diarias regulares, como trabajo, ejercicio o aprendizaje puede ayudar a adultos y niños a preservar un sentido de orden y propósito en sus vidas a pesar de la falta de familiaridad del aislamiento.
- Tener contacto virtual: usar llamadas telefónicas, mensajes de texto, video chat y redes sociales para acceder a las redes de apoyo social
- Mantener un estilo de vida saludable: dormir y comer bien, así como hacer ejercicio en casa es de suma importancia. Así como evitar el consumo de alcohol o drogas.
- Utilizar estrategias psicológicas: realizar ejercicios de meditación, relajación o concentración en línea es una forma de afrontar la situación.
Sabemos esta situación puede llegar a complicar la convivencia de las familias con niños y adolescentes. El cierre de colegios y la obligación de estar recluidos en casa provoca en los niños una situación muy excepcional, una especie de vacaciones que en realidad no son tales. Esta pérdida es muy significativa para cualquier niño y sus padres, generando la necesidad de encontrar nuevas formas de estar y de relacionarse en muy poco tiempo. Para poder hacerles más llevadera – a ellos y a nosotros- esta crisis es sumamente importante hablar con ellos y explicarles muy bien cuál es el sentido y el objetivo real de todo esto. Que es una emergencia y algo necesario para mantener los recursos disponibles para la gente que verdaderamente los va a necesitar.
Con ellos, también es recomendable establecer algún tipo de rutina e incluso horarios de actividades. No hay que dejar transcurrir los días arbitrariamente, porque puede aumentar mucho la sensación de caos interno. Hay que organizar actividades en las que todos puedan participar, repartir las tareas domésticas, buscar juegos colectivos, hacer deporte en casa y no dejar el ocio diario totalmente en manos de los juegos electrónicos. Es necesario tener una cierta rutina pero introduciendo también cortes y espacios diferenciados entre comidas y otro tipo de actividades para mantener la sensación de normalidad.
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